Cultivar una parcela implica mucho más que sembrar y cosechar. Para los pequeños productores agrícolas, crecer significa conseguir financiamiento en el momento adecuado, acceder a insumos, contar con conocimientos técnicos y, sobre todo, tener posibilidades reales de comercializar lo que producen. Cuando alguno de estos elementos falta, incluso una buena cosecha puede convertirse en un desafío económico.
Hace 17 años vio la luz “De Mi Tierra”, un proyecto concebido para dar solución a estas demandas exactas a través de un esquema que une el apoyo financiero, la entrada a nuevos mercados y el acompañamiento técnico. De acuerdo con las cifras que recoge la Memoria de Sostenibilidad 2025, la iniciativa acumula la entrega de más de USD 9,4 millones en préstamos y ha impactado de manera directa a más de 1.248 agricultores en Honduras.
17 años acompañando la evolución del campo
El aniversario de “De Mi Tierra” permite mirar el desarrollo agrícola desde una perspectiva de largo plazo. Un programa de apoyo al productor no puede limitarse a entregar recursos una sola vez; las necesidades del campo cambian de acuerdo con los ciclos productivos, las condiciones climáticas, los precios y las características de cada actividad.
Durante estos 17 años, el programa ha mantenido su enfoque en pequeños productores, buscando facilitar condiciones para que puedan desarrollar sus actividades productivas y encontrar mayores oportunidades dentro de sus cadenas de valor.
La permanencia también facilita acumular pericia frente a las demandas del sector y adaptar los instrumentos de ayuda a un entorno agrícola que evoluciona continuamente.
El año 2025 trajo consigo un notable incremento en el financiamiento
El comportamiento más reciente del programa muestra que el acceso al crédito continúa siendo un componente importante para los productores. Solo durante 2025, “De Mi Tierra” otorgó más de L33 millones en financiamiento, equivalentes aproximadamente a USD 1,2 millones. Esta cifra representa un crecimiento del 47% frente al monto colocado durante 2024.
El aumento refleja una mayor canalización de recursos hacia las actividades agrícolas y permite dimensionar la importancia que tiene el financiamiento para productores que necesitan invertir durante diferentes etapas de sus ciclos productivos.
Para una pequeña unidad agrícola, disponer de capital puede significar adquirir insumos, mejorar infraestructura, aumentar la producción o responder a necesidades que aparecen durante la temporada.
El crédito es solo una parte del modelo
Uno de los elementos que diferencia a “De Mi Tierra” es que su propuesta no se concentra únicamente en el financiamiento. El modelo incorpora tres componentes: recursos financieros, acceso a un mercado seguro y asistencia técnica de FUNDER. La combinación busca atender diferentes necesidades que pueden determinar la rentabilidad de una actividad agrícola.
El financiamiento proporciona capital para producir. El acceso a mercados permite contar con mejores perspectivas para comercializar. Y la asistencia técnica puede ayudar al productor a tomar decisiones relacionadas con productividad y manejo de sus cultivos. Esta visión integral reconoce que tener acceso a crédito no garantiza por sí mismo que un negocio agrícola sea sostenible.
Más de 1.248 agricultores favorecidos
El alcance acumulado del programa también permite observar su impacto desde el punto de vista de las personas atendidas. De acuerdo con la Memoria de Sostenibilidad 2025 de Grupo Ficohsa, “De Mi Tierra” ha beneficiado directamente a más de 1.248 productores y ha contribuido a la generación de aproximadamente 28.000 empleos indirectos.
Este último dato muestra cómo una actividad agrícola puede producir efectos económicos que van más allá de quien cultiva directamente la tierra. La producción moviliza trabajadores, proveedores, transporte, comercialización y otros servicios que forman parte de la cadena. Por eso, fortalecer a los pequeños productores también puede significar fortalecer una red económica más amplia dentro de las comunidades rurales.
El campo frente a nuevos desafíos
Los productores agrícolas trabajan en un entorno donde existen factores que no siempre pueden controlar. Variaciones climáticas, cambios en los precios y condiciones del mercado pueden afectar los resultados de una temporada.
Frente a este escenario, la capacidad de adaptación cobra un papel clave. Aquel agricultor que dispone de vías de financiación, soporte técnico y canales de comercialización cuenta con mejores recursos para anticiparse y hacer frente a diversas situaciones.
Este enfoque resulta especialmente relevante cuando se habla de desarrollo rural sostenible. No se trata únicamente de aumentar la cantidad producida, sino de crear condiciones para que las actividades agrícolas puedan mantenerse y evolucionar.
Una alianza que mira hacia el futuro
Los 17 años de trayectoria de “De Mi Tierra” evidencian que el impulso agrícola demanda persistencia. Los logros consolidados más de USD 9,4 millones en créditos junto a más de 1.248 productores beneficiados se ven complementados por el avance obtenido en 2025.
Para Grupo Ficohsa, mantener este tipo de iniciativas significa acompañar a un sector que tiene un peso importante en la economía hondureña y que necesita herramientas para enfrentar una realidad cada vez más exigente.
El futuro del campo dependerá de múltiples factores, pero contar con financiamiento, asistencia técnica y oportunidades de comercialización puede marcar una diferencia para los pequeños productores. Después de 17 años, “De Mi Tierra” representa una experiencia que muestra cómo un modelo de apoyo integral puede convertirse en una plataforma para impulsar productividad, empleo y desarrollo en las comunidades agrícolas de Honduras.
